«Tomo las cosas como vienen, en el momento que vienen»
Por Yolanda Prieto
LA GUÍA IM GESPRÄCH MIT DER ARGENTINISCHEN CELLISTIN SOL GABETTA LA GUÍA EN DIÁLOGO CON LA VIOLONCHELISTA ARGENTINA SOL GABETTA

«Acabo de regresar del festival de Bad Kissingen y estoy a punto de salir hacia Bonn a tocar en el festival del Rolandseck Bahnhof». Está contenta, como si ella Sol Gabetta, a quién muchos calificaron de niña prodigio, hubiese estado deseando expectante la llegada del verano. «Es la época de los festivales, de reencuentro; muy agradable y divertida » explica. Y es que esta violonchelista argentina de 28 años da una media de 120 conciertos al año, no sólo en Alemania sino por todo el mundo. Su primer CD para Sony BMG con obras de Tschaikowsky y Ginastera fue premiado con el Echo Klassik 2007 por la mejor interpretación de un concierto del siglo XIX. Esta virtuosa, como el resto de los mortales, prepara listas «para no olvidar lo que tengo que llevarme de equipaje». Y entre el deshacer una maleta y preparar la siguiente accedió a contestar unas preguntas para La Guía de Frankfurt/RheinMain.
¿Quién es Sol Gabetta?
Soy una persona muy directa y sincera, que no se anda con rodeos tanto en su profesión como en su vida personal. Otra característica mía es que soy muy abierta y que me encanta relacionarme con todo tipo de personas. No me gustan las diferencias de clase. Yo con mi música intento unificar.
¿Cuando se marchó de Argentina iba usted en busca de…?
Iba en busca del camino musical. Había un objetivo, un resultado musical al que yo quería llegar. Es como si estás al pie de una montaña, sabes que quieres hacer esa caminata porque la vista desde arriba es mucho más hermosa, y porque sabes que física y mentalmente te sentirás después de otra manera.
¿Echa usted algo de menos de Argentina, su país?
Si una situación se presenta hay que tomarla como es, porque no se nos va a presentar una segunda vez. En alemán los llaman Unikats. Tomo las cosas como vienen, en el momento que vienen.
«No quiero fijarme en una cultura, atarme a algo simplemente porque he nacido ahí»
¿En qué idioma sueña y en qué idioma tiene pesadillas?
Por extraño que parezca, no recuerdo haber soñado nunca en ninguna lengua, ni en español ni en ruso…mis sueños son como la música: más visuales. La pregunta podría ser ¿en qué lengua pienso? Si veo el desarrollo que mi persona ha hecho al haber cambiado de país, de lengua y de cultura tan a menudo, diría que cuando uno hace un cambio tan fuerte como el que he hecho yo, viniendo de otro continente como es mi caso a la lengua germana, hay un porcentaje de adaptación que es muy importante.
.jpg)
»El problema radica en que casi siempre son los padres los que proyectan en sus hijos un deseo suyo»
Uno no puede trasladar su país a otro país. Yo sé que para muchas personas que vienen de América Latina el cambio es tan brusco, que no se adaptan. Y no me refiero a personas mayores, te hablo de jóvenes, de estudiantes que sufren porque la gente de aquí no es como el latino: más cálido. Creo que la lengua te ayuda a tener una cercanía con la cultura en la que estás viviendo. El alemán es de por sí una lengua muy distinta al castellano. La forma de construir las frases es muy diferente, por lo tanto la forma de pensar también lo es; eso no quiere decir que la gente no sea cálida. Yo conozco a muchas personas que sí lo son.
Dedíqueles, por favor, un par de calificativos a cada una de esas seis lenguas que domina.
El ruso es la lengua de la cultura; el español la de más carácter; el francés es muy florea-do, elegante, con clase; el italiano la lengua de la amistad, de la amabilidad; el inglés es una de las lenguas más universales. Una lengua práctica, no mucho más. El alemán es la lengua de la cultura, como el ruso, pero de la cultura más literaria. Si uno logra llegar a entender a Goethe en alemán, el sentido es mucho más profundo que si uno lee una traducción.
Usted se educó siguiendo la escuela rusa. En sus entrevistas declara que todos esos concursos que llevó a cabo de niña le hicieron aprender a superar sus límites, a atreverse a llegar hasta el fondo. ¿Cree usted que los padres de hoy en día malcrían a sus hijos, que se les consiente demasiado en esta sociedad donde la mayoría de las actividades educativas tienen casi por fuerza que ser lúdicas?
El problema radica en que casi siempre son los padres los que proyectan en sus hijos un deseo suyo. Seguramente ellos mismos no pudieron formarse por falta de recursos económicos o por motivos geográficos, a menudo por provenir de un país que no ofrecía estas oportunidades. En el momento en el que estos padres viven en un país en el que sí es realizable este deseo, y han hecho el camino hasta aquí porque siempre fue uno de sus sueños y resulta que tienen hijos que tienen un cierto talento o interés, pues van a acabar ejerciendo mucha presión. Como en todo, es una cuestión de equilibrio. Me parece fantástico que se apoye a los chicos y que se les ofrezca una paleta de colores, sea cultural o deportiva, para que ellos mismos puedan elegir algún día, pero también es importante no proyectar su propio interés en los hijos.
»Un buen profesor no es sólo el que sabe enseñar un instrumento. Hay que saber preparar a la gente en el plano psicológico, que sean fuertes.»
Desde octubre de 2005 es docente en la Musik-Akademie de Basilea. ¿Cómo es el intercambio, la comunicación con los jóvenes, con sus alumnos?
Es una relación muy bonita, que me aporta algo muy diferente a lo que me aporta un concierto. En la clase uno está al mismo nivel que el alumno; quiero decir que hablamos la misma lengua, que yo he pasado por muchos de esos problemas por los que están pasando mis alumnos, y que si no he pasado por ellos tengo que retroceder diez o quince años atrás, para ver cómo hubiera solucionado yo ese problema en ese momento pero aplicando la experiencia que tengo ahora.
Un buen profesor no es sólo el que sabe enseñar un instrumento, Hay que saber preparar a la gente en el plano psicológico, que sean fuertes. La dimensión psicológica es muy importante; hay que saber salir a escena, a tocar esa obra, da igual si tocas delante de una persona que es tu profesor, o una persona que puede ser tu madre, o son cien o tres mil personas. Algunos acaban dejando el instrumento porque no se sienten lo suficientemente seguros. La confrontación con su propia persona es tan fuerte que no pueden seguir.
INFORMACIÓN www.solgabetta.com
www.harrisonparrott.com
Fotos: Marco Borggreve