«A mí lo que más me importa es cómo le vaya a quedar el cabello a la clienta después en su casa»
ENTREVISTA A MAURICIO CUERVO, EL PELUQUERO DE LAS ESTRELLAS GESPRÄCH MIT MAURICIO CUERVO, DEM FRISEUR DER STARS
Mauricio Cuervo es, sin duda, el estilista latino más internacional de Frankfurt. Su salón de peluquería está en el centro de Frankfurt. Colombiano de nacimiento, hace 23 años que llegó a Europa y precisamente a París para trabajar en Lancôme, donde se formó como cosmetólogo y peluquero. A la ciudad de la luz, le siguieron otros destinos en Europa: en Italia trabajó para la televisión como estilista, en Marbella y en Londres en salones de peluquería. Es esa internacionalidad y todas esas horas de vuelo que él lleva consigo, las que le permiten ser, hoy por hoy, el peluquero encargado de dejar «bien bellas», como dice él en su deje colombiano, a las famosas a su paso por Frankfurt. Las manos de Mauricio son, seguro que para muchos, manos afortunadas; entre sus dedos han reposado los cabellos de la sensual Eva Longoria, los de la simpática soprano romana Cecilia Bartoli y los de la arrasadora Shakira, por citar sólo un par de nombres. Y es que mientras estas damas se recuperaban en alguna suite del Frankfurter Hof o del Villa Kennedy del cansancio de su vida de estrellas, los responsables de relaciones públicas del hotel se daban prisa en concertarles una cita con Mauricio. Sus manos han sido las encargadas de dejarlas «bien bonitas», listas para enfrentarse de nuevo a sus ruedas de prensa y recitales de canto.
«Ellas quieren saber la opinión de un hombre, sea homosexual o no».
«Mi estilo me lo he inventado yo» contesta cuando se le pregunta cuál ha sido la clave de su éxito. «Lo que más fama me ha dado es haber sido un individualista. He seguido siempre mi estilo propio y nunca he hecho un corte porque se lleva. Nunca me he dicho porque está de moda tengo que hacérselo». Su forma de trabajar es una simbiosis de todo lo que ha visto y ha puesto en práctica desde que salió de Colombia: «Los italianos trabajan muy fuerte: los cortes son muy marcados » – y continúa – «En Inglaterra, por el contrario, los cortes son más atrevidos, y en España les gusta más seguir las tendencias que están de moda, sobre todo la gente de los 16 a los 26 años». Pero su salón, que abrió hace diez años, no vive sólo de estrellas y modelos. A Mauricio acude toda una clientela fiel, que él se ha ido ganando corte a corte, tinte a tinte, de país en país, en todos estos años que ha estado trabajando por Europa. Ellas no renuncian a Mauricio; quieren y pueden permitirse el lujo de subirse a un avión en Munich o en Italia sólo para que él las arregle. «Me fijo en las facciones de la cara, mi deseo es mirar a la clienta con otros ojos, distintos a los suyos propios, – continúa – una persona puede mirarse todos los días al espejo, llevar siempre el mismo corte, y no haber tenido la suerte de haber dado con alguien que le mire con otros ojos». Y confiesa abiertamente: «Los clientes hombres que tengo suelen ser los maridos. Con los caballeros no puedo ser muy creativo – matiza – no se ve mucho el cambio, a mí lo que me gusta es ver a una mujer pasar a ser otra; el hombre es más sencillo, no hay mucha fantasía».
«Una persona puede mirarse todos los días al espejo, llevar el mismo corte siempre, y no haber tenido la suerte de haber dado con alguien que le mire con otros ojos».
Pero además Mauricio es consciente de la frustración que puede sentir una clienta corriente y moliente que se afana en su casa en conseguir el mismo efecto de glamour y transformación con el que atravesó la puerta de su salón, y se encaminó a su cena, fiesta o concierto, «con todos sus collares» como dicen en Colombia. Esa frustración es precisamente la que Mauricio quiere evitar a sus clientas a toda costa y sería seguro su máxima número uno, si es que algún día le diese por escribir un código personal de ética profesional. «A mí lo que más me importa es cómo le vaya a quedar el cabello a la clienta después en su casa» – y puntualiza – «Yo hago un corte pensando en que el cliente cuando esté en su casa pueda peinárselo igual y eso se debe al corte. Uno como estilista tiene que entender cómo cae el cabello por naturaleza, hacia qué lado crece. Así es cómo creo el corte, no porque así lo aprendí en la escuela, así tengo que hacerlo».
Y para terminar no he podido evitar preguntarme a mi misma ¿Qué parte del éxito de Mauricio radica en su origen latino? «Mujer contra mujer- dice él- siempre hay cierta competencia, la mujer no quiere dejar a una cliente más bonita que ella» – continúa – «Se lo escuché a una colega mía que decía: nadie puede ser más bonita que yo». «Soy un individualista y me gusta seguir mi estilo, y no hacer un corte simplemente porque está de moda»
Y si bien Mauricio dice no echar nada de menos de Colombia excepto si acaso las frutas, que en su país natal sí que saben a frutas, tengo la impresión no sólo lleva consigo los cortes marcados de los italianos, modernos de los londinenses y alocados de los jovencitos españoles, también siguen en él presentes creencias, opiniones o quizás incluso supersticiones que pueden levantar en nosotros, los que no hemos crecido en ese continente apasionante, una sonrisa. «Mi colega cortaba muy bien el cabello, pero no daba el 100 % en su trabajo, daba el 90 %» – Mauricio me asegura – «Hay muchas mujeres que tienen esa intuición, que lo sienten, un peluquero les da más confianza. Ellas quieren saber la opinión de un hombre sea homosexual o no». Desde aquí les animo a que vayan y lo comprueben ustedes mismas, si es que su bolsillo se lo permite, claro está.
Autora: Yolanda Prieto, periodista freelance y Publicist
Fotos: Milton Arias © , fotógrafo colombiano residente en Frankfurt. mail@ariasmedia.de. www.ariasmedia.de
Sus tarifas
Corte y secado: de 75 – 85 €
Solo secado: de 55 – 65 €
Color, corte y secado: de 145 – 160 €
Mechas, corte y secado: de 180 – 210 €
Maquillaje: de 120 – 185 €